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miércoles, 8 de enero de 2014

Pizza

Buen año a tod@s, para empezar. Habréis hecho propósitos (supongo) y los habréis cogido con ganas... ¿eh? Si uno de ellos es adelgazar, no leáis esta receta. Pero...¡qué estoy diciendo! Leedla igual, seguro que os aprovecha de un modo u otro.

El título bien lo dice, hoy vamos a cocinar... PIZZA. Hay miles de recetas de pizza, tantas recetas como imaginación tengamos y creatividad utilicemos a la hora de cocinar. La masa... la masa ya es otra cosa. Llevo años haciendo pizza. Primero un amigo me enseño una masa que, sintiéndolo mucho, no acabo de convencerme; muy aceitosa ella y con un sabor que me recordaba más a las cocas que hacen en mi pueblo que a una pizza propiamente dicha. Tiempo después vi al señor Arguiñano dando la receta de una masa que llevaba la mitad de leche y  la mitad de agua. Esta ha sido la que he utilizado durante muchos años, y de la que disfrutamos tanto mis compañeros de piso como una servidora en mis años de estudio de licenciatura. Después he ido buscando, porque no hay una receta que termine de convencerme, y he acabado por consolarme - aunque a todo el mundo le encantan mis pizzas - llegando a la conclusión que fallan dos cosas:

  1. El amasado: la masa de pizza debe quedar muy elástica y para ello debemos estar amasando rato y rato. Solución al problema: una amasadora eléctrica - cosa que no tengo.
  2. El horneado/horno/placa: la temperatura debe ser alta, el horno debe tener potencia suficiente para que lo primero se dé y, por último, con una piedra de horno todo iría mejor. El buen horno lo tenía en mi anterior piso; ahora tengo uno de gas. Lo segundo, ni lo tenía antes, ni lo tengo ahora. :(

Después de estas lamentaciones no vayamos a concluir que no podemos hacer pizzas deliciosas sin esos elementos. Os digo ya de entrada que sí se puede. Ahora bien, no vamos a tener una de esas pizzas de pizzería con una masa fina y ligera, elástica, blanquecina... a no ser que estemos horas y horas dándole a la masa y el horno calentando ad infinitum.


Así que vayamos a por la receta.

Primero, la masa. Es mi versión de masa o, mejor dicho, la masa que más me convence, que mejor me queda... como queráis.

Los ingredientes +/- 2 pizzas:
  • 300 gr de harina (*mira al final de la entrada)
  • 200 ml de agua templada
  • 2 cucharaditas (de café) de sal
  • 12 gr de levadura de panadería
  • 1 cucharada de aceite
Y el procedimiento:

Mezclamos la harina con la sal, y hacemos un hueco (en forma de volcán).
Templamos el agua, con cuidado que no se nos caliente demasiado, ya que a una determinada temperatura, la levadura muere. Diluimos la levadura en el agua y la añadimos a la harina. Seguidamente, añadimos el aceite y mezclamos estos ingredientes en el hueco. Empezamos a incorporar la harina hasta que nos quede una masa elástica. Este proceso, hecho a mano, dura como mínimo 10 minutos, pero cuanto más trabajéis la masa, más se activará el gluten y, por lo tanto, más elástica os quedará. Si tenéis la suerte de poseer una amasadora eléctrica, dejad que trabaje hasta que la masa quede despegada de las paredes y escuchéis un ruido como de bofetón. Entonces, estará perfecta.
A continuación, dejamos reposar la masa, mínimo, 30 minutos - o como se dice normalmente, hasta que doble su volumen.

Mientras, si queréis, podéis ir preparando los ingredientes y la salsa de tomate.

Para la primera:

  • un par de tomates maduros pelados y cortados a trocitos
  • un ajo picado, machacado, o cortado a trocitos diminutos
  • aceite
  • sal 
  • azúcar
Rehogáis todos los ingredientes hasta que nos quede una salsa espesa. Queremos que nos desaparezca el agua del tomate para que no moje la masa y ésta nos quede blanda y fofa.

Para el relleno de pizza:
  • pimentón
  • calabacín
  • cebolla
  • aceitunas sin hueso
  • bacon
  • mozzarella
Cortáis el pimentón, el calabacín y la cebolla a daditos de medio centimetro de lado. No pongáis un calabacín entero, ni una cebolla entera, ni un pimentón entero, ¿eh? A gusto siempre, pero con mesura - hay un término medio, ya nos lo decía Aristóteles y, porque no, mi madre también.
Las aceitunas las cortáis a rodajas finas - cuatro o cinco por aceituna. Para el bacon podéis utilizar el que ya viene cortado, lonchas... A vuestro gusto. La mozzarella - es el queso que más me gusta para pizza, aunque podéis utilizar cualquier otro e, incluso, ninguno - debe recubrir toda la superficie.


Montamos la pizza

La masa, que debe estar ya hinchadísima, la dividimos en dos y hacemos con cada una de las partes unas bolas. La amasamos primero con las manos, dándole forma redondeada y continuando después con un rodillo. Las primeras veces no suele quedar demasiado bien, es más bien algo deforme, pero la estética, en este caso, no afecta a la calidad del producto. Cuando vayáis cogiendo maña, veréis que es muy fácil hacer una masa redonda y bien bonita. 
Después de amasarla, le ponemos la salsa de tomate. Yo la reparto con un pincel de cocina, para que quede más uniforme. A continuación le añadimos la mozzarella y, seguidamente, el resto de ingredientes. La ponemos en el horno y, si éste quiere, en unos 10-15 minutos debería estar ya hecha. Si nuestro horno no es lo suficientemente potente, dejamos la pizza en el mismo hasta que la masa esté dorada y el queso derretido. Por el resto de los ingredientes no es necesario sufrir, si los hemos cortado lo suficientemente pequeños, se nos cocerán sin problema.


Et... voilà! Aquí la pizza casera (casi) perfecta:




* Os recomiendo que la harina no la pongáis toda de golpe, incorporadla poco a poco e id amasando, hasta que tenga una textura elástica; algunas veces puede que no tengáis que ponerla toda y es normal que os sobre un poco casi siempre. Utilizad, si podéis, harina de fuerza, que panifica mucho mejor.